Cuando Lamin Mustafa empezó a sentirse enfermo nadie sabía diagnosticar los síntomas de aquel pequeño. La vida sedentaria a la que el pueblo saharaui ha sido condenado por el exilio y la falta de alimentos básicos, ha provocado que la diabetes y el bocio afecten a un alto porcentaje de la población. Gracias a la comisión médica asturiana que desde hace veinte años visita anualmente los campamentos de refugiados, miles de saharauis han sido diagnosticados y tratados de estas afecciones. El ya adulto Mohamed no sólo ha abierto su propio negocio -una pequeña tienda de comestibles- sino que acaba de ser contratado por el Ministerio de salud saharaui como responsable del área de enfermedades crónicas.